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Voluntades platenses se unen para rescatar alimentos y darle de comer a 14 mil chicos

El grupo de jóvenes de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se incorporó al grupo de voluntarios del Banco Alimentario de La Plata. - gonzalo mainoldi

Por Redacción

Está en 65 y 125. Evitan que a diario se pierdan toneladas de comida que se puede ingerir sin riesgos

En 2000, cuando la economía estaba al borde del colapso en la Argentina, a instancias de Luis María Sisto, un platense que acababa de conocer el sistema en Italia, se creó el Banco Alimentario de La Plata; en 2013, con la peor tragedia colectiva que vivió la Región, la entidad salió con todas sus garras a ganarle a los efectos nefastos de la inundación; y ahora que la pobreza crece a un ritmo inquietante, un voluntariado que promedia las 40 personas trabaja sin pausa para asegurarles un plato de comida y una merienda diarios a 14.000 chicos.

Mientras que la indigencia en el mundo llega al punto de matar de hambre a millones de personas, un tercio de los alimentos que se producen se tira a la basura, según el dato que maneja la ong local. Semejante desbalance lleva a la organización internacional nacida en Estados Unidos a rescatar del descarte lo que puede consumirse sin riesgos y aprovecharlo para cubrir las necesidades alimentarias de quienes carecen de los recursos para satisfacerlas.

Entre 42 y 45 toneladas de alimentos entran y salen por mes del galpón situado en Berisso, sin contemplar el “pico” de actividad, durante la inundación

Orgullo platense, el Banco Alimentario fue el primero de una red que en pocos meses desembarcó en la capital federal y hoy integran 16 sedes en todo el país. Desde un predio de 65 entre 124 y 125 la ong organiza la recepción y reparto de mercadería que llega desde cadenas de supermercados e híper, productores del cordón hortícola de la Región, empresas e instituciones. Cuenta con voluntarios corporativos (grupos de empleados de grandes compañías que cumplen con una jornada solidaria periódica) y voluntarios particulares. Todas las edades ponen ahí el hombro para clasificar, embolsar, procesar y empaquetar alimentos que van a comedores, merenderos, copas de leche, guarderías y centros comunitarios: desde jóvenes hasta jubilados trabajan todas las mañanas en el depósito de la entidad.

Entre 42 y 45 toneladas de alimentos entran y salen por mes del galpón situado en Berisso que, bajo la relación contractual de un comodato le cedió la dirección provincial de Vialidad a la organización presidida por Pedro Elizalde, licenciado en Administración ya jubilado en la profesión pero que sigue con la carrera docente en la facultad de Ciencias Económicas de la UNLP y que fue elegido titular de la iniciativa después de un tiempo de participar como voluntario. Sin contemplar el “pico” en la actividad que significó para la institución los días que le siguieron al 2 de abril de 2013, con una enorme cantidad de gente que perdió la vivienda entera, o una circunstancia tan puntual como excepcional que se dio en abril último, cuando ingresaron 101 toneladas de paquetes, la cifra representa el promedio general de mercadería con la que opera el proyecto.

Crecen las necesidades

Como se ha señalado, la línea de tiempo de la entidad refleja claramente las emergencias sociales que ha atravesado en 17 años, en este caso, la comunidad platense. Ahora, en una nueva instancia que preocupa a los dirigentes de la ong, otro indicador da cuenta del aumento de las familias en riesgo. “Las necesidades de alimentos son cada vez mayores”, dice Elizalde y sintetiza: “el año pasado cerró con la atención a 115 centros asistenciales; hoy cubrimos a 140”.

El mapa local, según la institución, de los sectores que en peor situación se encuentran, señala barrios de Altos de San Lorenzo, Tolosa y Ringuelet. Elizalde, no obstante, aclara que “el problema del hambre viene desde hace mucho tiempo”. Lo que preocupa, en cambio, es su visión del futuro. “Lamentablemente la situación va a continuar porque no vemos señales de que se vaya a eliminar”.

Todo lo que no se vende, va a parar al Banco Alimentario. Tal es la consigna de las compañías del rubro alimenticio donantes con un compromiso de continuidad en las entregas. Se trata de esa mercadería de los supermercados o del Mercado Regional de La Plata que no llega a comercializarse y se convierte en desecho, como los productos con fecha cercana de vencimiento -nunca vencidos-, alguna promoción especial que no alcanzó a salir al público, latas abolladas -no abiertas-, envases con contenidos de un peso o volumen diferente al indicado o unidades de sobrestock.

“Las necesidades de alimentos son cada vez mayores”, dice Elizalde y sintetiza: “el año pasado cerró con la atención a 115 centros asistenciales; hoy cubrimos a 140”

El sistema, según se remarca, “no hace asistencialismo”. En ese sentido, el presidente de la ong explicó que las instituciones que reciben la ayuda alimentaria, como contraprestación, algunos días al mes envían a sus dirigentes a realizar tareas de voluntariado. Además, la mercadería que se llevan no es gratis; responde a un tarifario establecido. “Se paga un promedio de $4 por kilo de alimentos. Con eso podemos sostener la estructura y la logística que manejamos”, dijo Elizalde.

El esquema de ayuda tiende a ampliarse con otras formas de colaboración. En la cocina del predio berissense los voluntarios lavan, cortan y procesan verduras de las cosechas locales que por alguna razón no ingresaron al circuito del mercado. Al proyecto lo llamaron PUPA (Pequeña Unidad de Producción de Alimentos) y consiste en la confección de bandejas de dos kilos de hortalizas para sopa, el embolsado de trozos de fruta y la elaboración de pulpa de tomate; todas piezas listas ya para ir a la olla o ser consumidas sin ninguna preparación. “Acá nada que esté en buenas condiciones se desperdicia; todo se aprovecha”, resume una voluntaria mientras pone en acondiciona un cajón entero de zapallitos un poco machucados.

Otra iniciativa, pero todavía en proceso de concretarse, involucra a la Universidad. La ong planea implementar “Festejos responsables”, un proyecto que propone a los egresados de las facultades de la casa de altos estudios celebrar el título con un kit de cotillón que cambiarían en la entidad por 5 litros de leche. “De ese modo - explicó una de las colaboradoras- no sólo no se desperdician huevos y harina sino que además se protege al lugar del impacto ambiental. Y lo más importante es que recolectamos leche, que es lo que más estamos necesitando”.

El lugar es un continuo de voluntarios que se renuevan. Suelen presentarse, para aportar mano de obra, grupos de jóvenes de las más diversas instituciones. Jornadas atrás, por caso, se reunieron en varias horas de trabajo, Leonel Lubomirsky, Sabrina García, Vilma Silva, Luana Sánchez, Juan Párraga, Emanuel Staffa, Lucía Núñez, Santiago Etcheverest, Omar Cárdenas y Juan Acevedo, todos amigos de la iglesia.

Con el aval de una ley

Una ley nacional, la 25.989, sancionada en 2004, respalda la donación de alimentos. La regulación es necesaria para que exista cierto control dentro de iniciativas donde está en juego la salud de la gente. Destinado a cubrir el que sea, quizás, el derecho humano más básico, el Régimen Especial para la Donación de Alimentos en Buen Estado habilita a toda persona de existencia física o ideal a colaborar con la entrega de productos a instituciones legalmente constituidas o a grupos humanos o personas individuales para que se distribuya en sectores necesitados.

El artículo 4º dice expresamente que “los productos donados deberán ser distribuidos con la celeridad necesaria a los efectos de impedir la descomposición o vencimiento de los alimentos y de paliar las urgentes necesidades de los destinatarios en el plazo más breve posible”.

45

Toneladas de alimentos entran y salen en promedio cada mes de los galpones del Banco Alimentario local

25.989

Es la ley que respalda la donación de alimentos. La regulación es necesaria para que haya cierto control

140

Son los comedores a los que actualmente abastecen desde el Banco Alimentario, donde suman voluntarios

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